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30 jun 2014

Volver

Volver..., volver para sentirse vestido, cómodo, con el control de lo que nos rodea, para sentir el calor de tu gente, de tu pesebre. Continuar con la rutina de la que tanto te quejas y deseas dejar atrás todo el tiempo.

Saberse fuera es añorar verse dentro, entonces, no es tan desdichada, aburrida y desgraciada tu vida.

Nadie extraña lo malo o aquello que te daña. Podemos hacer la prueba de que lo que recuerdas con nostalgia son personas y momentos, lugares, que amas, que te hacen sentir especial, es lo que eres, tu vida, que por ser tan poco agradecido llamas despectivamente "rutina" y te cansas de vivirla con intensidad, te quejas de sus días y prefieres victimizarte de tus propias decisiones que te han llevado a tan crudo castigo de existencia: Tu vida es la peor de todas.

Te olvidas por completo de las cosas que hoy recuerdas al estar lejos o en el impedimento de seguir disfrutando de ella. 

Traes a tu memoria lo importante de ella ahora, lo especial, cosas y personas que siempre han estado ahí, pero que tu agotamiento ha bloqueado tanto que pareciese desconocido por ti. 

¿Entonces vuelves? ¿A qué vuelves? ¿A tu vida o a tu rutina? 

¿A qué vuelves? ¿O es que no vuelves por miedo a cansarte nueva vez? 

¿Haz perdido el control de lo que quieres hacer y lo que estás haciendo? Nadie dijo que al volver tendrías que insertarte en aquello que te agota o te hace tanto mal para querer abandonar todo el tiempo.

¡No te permitas volver a tu vida, vuelve a vivir y empieza ya!

Cambia cosas, haz nuevas decisiones o mejor aún: haz el cambio tú, de adentro hacia fuera. Que puedas sentirte en casa todo el tiempo, donde quiera que estés y que el deseo de volver sea solo parte del dinamismo natural, propio del ser humano y no un añoro triste de las cosas que no apreciaste, que dejaste pasar, que no viviste en su tiempo. Y que en donde estés ahora puedas también vivir y disfrutar.


Toma una decisión justo ahora: entra en tu cueva, sabrás que hacer.

16 jun 2014

Los versos nunca han sido lo mío...

LOS CÓMPLICES EN TRAMA

Vuelves y me miras, me miras cuando vuelves.
El paso tras tus huellas solo grita regreso.
Regreso esperado por mis ansias, aquellas producto del amor que se descubre en tus ojos.
Ojos que al cerrarse me dejaron entre abierta la puerta de la ilusión.
Ilusión que me mantiene viva y dispuesta a recibirte.

Al verte llegar, el pasado es solo memoria y el presente cobra valor, mientras el futuro queda en espera porque mi ahora es tu paso certero que te traen a mi encuentro, que se ahoga de momentos que solo a tu lado vivo.

De nuevo me pierdo en tus ojos que tu alma muestran, me llevan al infinito, ¡qué dulce encuentro!

En tus cabellos traes tus dudas, inseguridades en tus labios, pero atentos tus oídos que escuchan los latidos resonantes de mi corazón que te dan la bienvenida al pronunciar tu nombre.

Así te quiero hoy, siempre,
un paso más allá del amor,
en el punto exacto de nuestras respiraciones
sosegadas de alegría,
que hacen titubeante las caricias.

Despierto alborotada, son más de las diez. En el silencio de una mañana que nos descubre, a mi lado, en el silencio de tu sueño te observo dormir y en la tranquilidad de tu descanso merecido recuerdo lo vivido en la madrugada, la noche se hizo larga viéndote regresar.


La paz que emana de tu ser me llena de alegría. Abres los ojos y me capturas observando tu silencio. Te levantas con esa sonrisa que me libera, invitándome a volver a cerrar los pensamientos. Así vivo, así somos, cómplices.