7 jul 2014

Un hasta luego

Perder a alguien, perderlo todo. No se pierde lo que no es tuyo, más la realidad es que se sufre esa partida. Alguien se va o más bien se lo llevan, parte del vivir es morir, aunque sea en materia. 

La criatura llora cuando nace, los tuyos lloran cuando mueres, dos inicios, dos finales.

Se siente que el tiempo ha pasado tan rápido o tan lento, lo cierto es que el abismo que crea la noticia hace que todo se detenga aunque sea por un instante. 

Inmensurable el valor del silencio en esos momentos, aquella ausencia que trae pasado y que cuestiona futuro, pero que está y con eso, es suficiente. Más aquel callado espacio trae consigo la esperanza de la eternidad, de lo posible más adelante. 

Valoras lo que no has perdido aún, cosas toman sentido: la muerte también es una maestra porque aún en su dolorosa pasarela te enseña cosas. 


Todo es parte de un dinamismo evidente, pero difícil de aceptar: perder tanto en tan poco, se lamentan tus lágrimas. Pero llega la hora de abrir los ojos, entrar a tu templo y escuchar: todo sigue su curso normal.

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